Un método que, a simple vista, parece extraño puede no serlo tanto para los alemanes. En algunas partes de Alemania, es común que muchas personas se metan en la cama con la ventana abierta en pleno invierno.
Aunque afuera haga -5 °C o incluso nieve, hay quienes duermen con la ventana abierta. Una práctica que en América no es tan común. Sin embargo, podría ser una buena idea para mejorar el descanso.
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La clave está en el combo conformado por:
- Edredones gruesos e individuales.
- Pijamas de franela o coralina.
El cuerpo se mantiene abrigado aunque el aire de la habitación esté fresco. ¿Qué sentido esta práctica? Según el especialista en sueño y psicología neurocognitiva Bruno Ribeiro, no solo tiene lógica, sino que también puede traer grandes beneficios.
Por qué el “estilo alemán” ayuda a dormir mejor
Ribeiro, referente de la ZEM Wellness Clinic Altea, explicó en Telva que dormir con una rendija abierta “introduce aire frío, limpio y rico en oxígeno, lo que ayuda a regular la temperatura ambiental y facilita la bajada de la temperatura corporal central, un requisito fisiológico para conciliar y mantener el sueño profundo”.
La ciencia respalda esta costumbre: un ambiente entre 16 °C y 19 °C es óptimo para el descanso reparador, sin importar cuántas mantas uses. Las mantas crean un microclima térmico estable alrededor del cuerpo, mientras que la habitación fría favorece la pérdida de calor, un proceso clave para entrar en sueño profundo. Incluso, estudios recientes muestran que el enfriamiento local y corporal mejora la calidad del sueño y la estabilidad cardiovascular.
“La habitación fresca ayuda al cuerpo a disminuir la temperatura central, mientras que las mantas permiten conservar estabilidad térmica periférica. La combinación maximiza el gradiente térmico ideal para aumentar las fases N3 (sueño profundo) y facilitar la entrada regular en Movimiento Ocular Rápido (REM)”, explicó Ribeiro.
Los beneficios de dormir en un ambiente fresco
Dormir en una habitación fresca puede traer los siguientes beneficios, según el especialista:
- Activa el descenso de la temperatura central: favorece el inicio y la continuidad del sueño (el cuerpo necesita bajar entre 1 °C y 2 °C para dormir).
- Estimula el sueño profundo y REM: esto permite que el cuerpo regule mejor las fases del sueño y reduzca los despertares nocturnos.
- Estabiliza el ritmo circadiano: la temperatura ambiental influye directamente en el reloj interno.
- Activa el tejido adiposo marrón: puede mejorar el metabolismo basal.
- Reduce la sudoración nocturna y la incomodidad: evita microdespertares y fragmentación del sueño.
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En cambio, dormir en ambientes calurosos está asociado con:
- Un sueño más superficial.
- Más despertares.
- Menos REM.
- Mayor sudoración nocturna.
“Por encima de 24-25°C, la arquitectura del sueño se deteriora significativamente”, explicó Ribeiro.



