Las temperaturas inestables pueden afectar la salud y aumentar el riesgo de enfermedades. Adaptar la vestimenta, la alimentación y los hábitos diarios es clave para evitar resfríos, alergias y golpes de calor.
Leé también: Los tres perfumes de mujer que son ideales para usar durante el otoño
Esta variación térmica no solo genera incomodidad, sino que también afecta al sistema inmunológico, aumentando el riesgo de infecciones respiratorias y alergias.
El impacto de los cambios bruscos de temperatura en la salud
El cuerpo humano necesita tiempo para adaptarse a los cambios de temperatura.

Cuando estas variaciones ocurren de manera abrupta:
- El sistema inmunológico se debilita, facilitando la aparición de resfríos y gripe.
- La piel y las vías respiratorias se resecan, lo que puede provocar alergias o problemas respiratorios.
- Aumenta la fatiga y el cansancio, ya que el cuerpo gasta más energía en regular su temperatura.
- Se intensifican dolores musculares y articulares, especialmente en personas con artritis o fibromialgia.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los cambios bruscos de temperatura pueden favorecer la proliferación de virus y bacterias, aumentando los casos de enfermedades estacionales.
Cómo vestirse para un clima inestable
Uno de los errores más comunes en estos días es salir con ropa inadecuada. Para evitar incomodidades y reducir el riesgo de enfermedades, se recomienda:
- Vestirse en capas: permite regular la temperatura corporal a lo largo del día.
- Llevar siempre un abrigo liviano: aunque haga calor, la temperatura puede bajar inesperadamente.
- Evitar ropa ajustada y sintética, que impide la transpiración y puede generar cambios bruscos de temperatura en el cuerpo.
- Usar calzado adecuado: optar por zapatos cerrados en días frescos y transpirables en los más cálidos.
Cuidados generales para enfrentar el frío y el calor en un mismo día
Además de la vestimenta, hay otros hábitos que ayudan a mantener el equilibrio del organismo en días de clima cambiante:
- Hidratación constante: tomar suficiente agua, ya que el calor puede causar deshidratación y el frío puede reducir la sensación de sed.
- Evitar bebidas muy frías o muy calientes, para no irritar la garganta ni generar contrastes bruscos en el cuerpo.
- Cuidar la alimentación: priorizar frutas y verduras que fortalezcan el sistema inmunológico.
- Ventilar los ambientes: mantener la circulación de aire para evitar la acumulación de virus y bacterias en espacios cerrados.
- Lavarse las manos con frecuencia, para reducir el riesgo de contagio de enfermedades respiratorias.
Leé también: Mito o realidad: caminar resfriado, ¿beneficia o pone en riesgo la recuperación?
Los cambios de temperatura son inevitables, pero con algunos cuidados simples, es posible evitar los efectos negativos en la salud. Adaptar la vestimenta, la hidratación y los hábitos diarios a las condiciones climáticas ayudará a transitar estos días sin sobresaltos.