La visita de León XIV a la Argentina, durante tres noches y cuatro días, es una oportunidad única para preguntarse si el Papa es capaz de hacer milagros. O al menos uno: el de lograr que los políticos parezcan más o menos civilizados.
El presidente Javier Milei lo recibirá en la escalinata del avión a las 16.30 del domingo. De ahí en más, habrá decenas de oportunidades para que nuestros dirigentes metan la pata.
Tras una breve parada en el Palacio San Martín, el Papa llegará a la Casa Rosada para una recepción oficial y de ahí partirá hacia el Palacio Libertad, donde se verá cara a cara con todo el arco político.
Estará otra vez el Presidente, que al menos por unos días juran que dejará de pedir que los periodistas sean quemados en una hoguera. También fue invitada su vice Victoria Villarruel, a quien pareciera que por un rato la tratarán sin odios ni rencores. Allí veremos a los gobernadores, a diputados y senadores, a sindicalistas abuenados, a ministros sonrientes, jueces de la Corte y diplomáticos.
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¿Qué harán los Juan Grabois de la vida? ¿Asistirán los diputados de la izquierda? ¿Habrá sonrisas o gestos belicosos entre libertarios y peronistas? En el camino habrá muchas chances para hacer papelones, romper el protocolo, meter codazos para una foto o las zancadillas de siempre. Pero habrá que confiar, tener un poco de fe.
No es de esperar un abrazo entre Karina Milei y Máximo Kirchner, pero al menos se espera algo de educación aun fingida. Todos recordamos el pedido de hagan lío de nuestro Papa Francisco, pero en su momento no todos lo asumieron como una buena metáfora. Tal vez sea hora. Tal vez sea hora de la simulación. Tal vez sea hora de que parezcan buenos.
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El resto de la gira es para los creyentes, para emocionarse, para sentir el calor de la cercanía de un líder espiritual único, para celebrar.
En Buenos Aires, en Luján, en el Cottolengo Don Orione, en Córdoba. Por tres noches y cuatro días, los argentinos tendremos el corazón en la mano. Y nuestros dirigentes, la oportunidad de regalarle un milagro al Papa y al mundo.

