La Constitución Nacional de 1853, monumento del pensamiento jurídico liberal decimonónico, dedica su primera parte a los derechos personalísimos de los ciudadanos, llamándola “Declaraciones, Derechos y Garantías”, así como también toda la segunda parte establece la organización política del Estado federal surgido luego de la batalla de Caseros, titulada “Autoridades de la Nación”. Las raíces ideológicas de la Carta Magna establecían marcos generales donde la acción de los poderes de gobierno, con sólo respetar a los ciudadanos y habitantes, permitía el ejercicio de las libertades públicas e individuales.
Sin embargo, en el inciso 16 del artículo 64 del texto constitucional, referido a las atribuciones del Congreso, aparece uno de los pocos mandatos específicos de la acción de gobierno: “Proveer lo conducente a la prosperidad del país, al adelanto y bienestar de todas las provincias, y al progreso de la ilustración, dictando planes de instrucción general y universitaria, y promoviendo la industria, la inmigración, la construcción de ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras de propiedad nacional, la introducción y establecimiento de nuevas industrias, la importación de capitales extranjeros y la exploración de los ríos interiores, por leyes protectoras de estos fines y por concesiones temporales de privilegios y recompensas de estímulo”.
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Los años posteriores del progreso económico y social vinculado a la generación del 80 tuvieron en estos dos aspectos, la promoción de la inmigración y la construcción de ferrocarriles, los dos pilares fundamentales que facilitaron la ocupación territorial, la organización social y la expansión económica, que hicieron de la Argentina un país con un grado de desarrollo más que aceptable hacia la primera mitad del siglo XX. El brusco cambio del paradigma librecambista en 1930, luego de la quiebra capitalista de los Estados Unidos y el agotamiento del modelo agroexportador argentino, puso a la sociedad nacional frente a desafíos que parecían lejanos pocos años antes.
La presidencia de Agustín Pedro Justo desde 1932 marcó el inicio de la intervención del Estado en roles que hasta entonces quedaban en manos de la iniciativa privada, como la regulación de algunos mercados a través de la creación de las Juntas Nacionales, por ejemplo la de las carnes, los granos, el algodón, la yerba mate y el vino; la creación del Banco Central de la República Argentina como contralor del sistema bancario y financiero; una mayor participación en el sistema de transporte automotor, por medio de la Corporación de Transportes; la modernización de la red ferroviaria estatal a través del fortalecimiento de la Administración General de los Ferrocarriles del Estado; y en el tema que nos convoca hoy la creación de la Dirección Nacional de Vialidad para construir caminos a lo largo y lo ancho de todo el país.
Eso implicó la creación de una importante estructura burocrática, que estuvo a cargo de verdaderos próceres del desarrollo nacional, tales como el ingeniero Pablo Nogués, al que el historiador Tulio Halperín Donghi calificó como “un caracterizado exponente del empresariado estatal”, y su colega Justiniano Allende Posse, a quien dedicaremos las columnas de hoy. Vale destacar que el presidente Justo, además de ser general de división, había estudiado ingeniería civil en la Universidad de Buenos Aires y convocó a varios de sus antiguos camaradas y colegas a la función pública, como los dos anteriormente nombrados.

Su familia y su formación
Justiniano Allende Posse nació en la ciudad de Córdoba el 12 de noviembre de 1886, en el seno de la familia formada por Pedro Lucas Allende Cáceres y Teresa Catalina Ruperta Posse Armaza, un matrimonio enraizado en la sociedad mediterránea desde los albores del siglo XVIII. Su abuelo materno de su mismo nombre había sido gobernador de Córdoba y por vía paterna era pariente lejano del prócer de la independencia, José María Paz. Coincide el nacimiento de Justiniano con el inicio de la malograda presidencia de su coterráneo Miguel Juárez Celman, y será el mayor de cinco hermanos, tres varones y dos mujeres.
Su escuela primaria se desarrolló en el ámbito de la educación pública, fruto de la ley 1420, y posteriormente se convierte en alumno del Colegio Nacional de Montserrat. Más adelante estudia en la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Córdoba, donde alcanza el título de ingeniero civil en 1908, con veintidós años. El 14 de julio de 1920 se casa en la Catedral de Córdoba con Angelina Pinto Moyano, también de antiguo linaje en la Docta, con quien tendrá tres hijos, y estarán juntos por más de sesenta años.
Su vida profesional, empresaria y como funcionario estatal
Sus comienzos en la docencia se dan como profesor de matemáticas en el Colegio de Montserrat. En 1912 funda una empresa constructora con las que emprende algunas obras importantes en su ciudad natal, entre ellas participa de la construcción del Palacio de Justicia de la Provincia de Córdoba, una mole neoclásica que ocupa una manzana frente a la vieja plaza Marqués de Sobremonte, junto a la Cañada, donde reposan los restos de Dalmacio Vélez Sársfield, el autor del Código Civil de 1870.
También se dedica a obras privadas y públicas de menor porte. Su primer trabajo en el Estado es en la Administración General de Ferrocarriles, donde conoce a Pablo Nogués, a la sazón compañero de estudios de Agustín Pedro Justo en la Universidad de Buenos Aires. En 1930 fue ministro de Obras Públicas de la provincia de Tucumán, y al año siguiente ocupó el mismo cargo en su provincia natal.
Presidente de la Dirección Nacional de Vialidad
El 5 de octubre de 1932, en coincidencia con el día del Camino, fecha que recuerda al Congreso Panamericano celebrado en Buenos Aires en 1925, se sanciona la ley 11.658, que crea la Dirección Nacional de Vialidad, y se nombra al ingeniero Justiniano Allende Posse como su primer administrador. Entre otros logros de esta gestión estatal fue el diseño del sistema de caminos argentinos, que aún hoy no ha sido completado. Se establece la numeración de las rutas argentinas, de la 1 a la 15, uniendo la capital federal con las de provincias y las grandes ciudades, de la 16 a la 29 de este a oeste, de la 30 a la 40 de norte a sur, debiendo respetarse que en cada provincia o territorio nacional no puede repetirse el número entre las nacionales y las provinciales.
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En sólo un año de funcionamiento, la DNV contaba con 386 profesionales y técnicos, 545 administrativos y 2.011 obreros para atender una red de 15.900 kilómetros de los cuales 810 sólo estaban pavimentados. La pavimentación de la ruta nacional 9 entre Buenos Aires y Córdoba se realizó en menos de un año. La inauguró el propio presidente Justo en su automóvil particular y lo recibió en Córdoba el gobernador Amadeo Sabattini. Esta ruta costó $ 41.000.000.-, algo así como 12 millones de dólares de la época. Al terminar el período presidencial de Justo ya se habían pavimentado más de 10.000 km. en el país.

En 1935 se inauguró en la plaza del Congreso, en Buenos Aires, el monolito que marca el Km. 0 de las rutas nacionales. Construyó el edificio central de la Dirección Nacional de Vialidad, que en la década de 1990 fue transferido a la Justicia Nacional, que instaló allí los Juzgados Federales que son conocidos como Comodoro Py, por la calle en la que se encuentran. Se comenzó la construcción de la avenida General Paz, en Buenos Aires, que fue la primera autopista de Sudamérica. En 1938 Allende Posse renuncia a Vialidad Nacional y ocupa la presidencia de la Corporación de Transporte de Buenos Aires. Volverá a ocupar la presidencia de Vialidad entre 1956 y 1958.
Su obra académica
Luego de su primera gestión al frente de los caminos nacionales argentinos, se dedica a la historiografía, y llega a publicar un libro titulado Los dos federalismos, donde aborda el tema de la desigualdad distributiva de la Argentina. Fue nominado en la Academia Nacional de Ciencias Económicas el 28 de junio de 1961, y ocupó el sitial N° 32. El 30 de julio de 1971 se convierte en uno de los fundadores de la Academia Nacional de Ingeniería, donde se le otorga el sitial N° 1. Ambas membresías títulos los ocupó hasta su muerte. Vale destacar que siendo un funcionario público y un profesional académico, su obra lo trascendió entre sus contemporáneos y merecía incluso ser caricaturizado habitualmente.
Muerte y homenajes
Justiniano Allende Posse murió en Buenos Aires el 26 de mayo de 1980, a los 94 años. Dejó como legado, parafraseando a Carlos Pellegrini estas palabras: “Han pasado los años y vuelvo al punto de partida… permitidme que me siente y, enjugado de mi frente el sudor y el polvo de la jornada, dejadme que os dé lo único que puedo dar para aumentar el bagaje intelectual de las jóvenes generaciones argentinas: una parte de mi experiencia”. Su colección de arte pertenece hoy a varios museos argentinos.
La autopista que une la ciudad de Córdoba con Villa Carlos Paz lleva su nombre, un homenaje merecido pero que resulta insuficiente para uno de los grandes hacedores argentinos del siglo XX.