Sesenta y seis millones de años después de la colisión que hizo desaparecer a los dinosaurios, una huella química acercó a los científicos a una respuesta que parecía perdida: qué tipo de meteorito chocó contra la Tierra.
Esas pistas proceden de una fina capa de arcilla que se formó en diferentes lugares del mundo después del impacto. El meteorito se vaporizó durante el choque, y una pequeña parte de sus componentes quedó mezclada con el polvo y los materiales expulsados desde la superficie.
Esos rastros conservados en la corteza terrestre fueron descubiertos por un equipo internacional de investigadores y ahora podrían llevar a la identificación más precisa hasta hoy del objeto que desencadenó la extinción masiva.

Los científicos estudiaron el níquel presente en esas muestras y compararon su composición con la de rocas espaciales recuperadas en la Tierra. El resultado apunta a una condrita carbonácea de la clase Ornans, conocida como CO, una variedad muy rara y primitiva de meteoritos rocosos.
Cómo encontraron la huella del meteorito que extinguió a los dinosaurios
El impacto del meteorito que extinguió a los dinosaurios ocurrió hace 66 millones de años en la zona que actualmente ocupa la península de Yucatán, en México. El choque abrió el cráter de Chicxulub y liberó una cantidad gigantesca de polvo y rocas pulverizadas.
Parte de ese material se dispersó por el planeta y terminó depositado sobre la superficie. Con el paso del tiempo, quedó convertido en una delgada franja de arcilla que marca el límite entre los períodos Cretácico y Paleógeno.
Dentro de esa capa también sobrevivieron pequeñas señales químicas del meteorito. Los científicos buscaron diferentes variantes de níquel, que pueden funcionar como una huella digital y ayudar a distinguir una clase de roca espacial de otra. La comparación permitió vincular los restos con las condritas CO.
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Una roca espacial extremadamente rara
Las condritas carbonáceas son meteoritos formados por materiales muy antiguos del sistema solar. Representan cerca del 5% de los ejemplares estudiados en la Tierra.
La clase CO constituye una fracción todavía más pequeña. Sus características permiten diferenciarla de las rocas espaciales que suelen encontrarse en colecciones científicas y museos.
Este tipo de meteorito contiene cantidades menores de carbono, zinc, agua y azufre frente a otras condritas carbonáceas. Esa composición aporta información sobre el origen del objeto y también ayuda a reconstruir las consecuencias del impacto.
Según diferentes estudios, el meteorito habría medido entre 10 y 15 kilómetros de diámetro y llegó a la superficie a una velocidad estimada de 64.000 km/h. La colisión estuvo asociada con la desaparición de cerca del 75% de las especies del planeta, incluidos los dinosaurios.
Qué provocó la catástrofe después del impacto
La identificación de una condrita CO mantiene la relación entre el choque de Chicxulub y la extinción masiva. El dato permite precisar qué ocurrió en la atmósfera durante las horas, los meses y los años posteriores.
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Esta clase de meteorito contiene poco azufre. Por ese motivo, los científicos consideran menos probable que el azufre transportado por el propio objeto haya sido el principal responsable del desastre climático.
La mayor parte del daño habría sido causada por el polvo y los restos finos que el impacto lanzó hacia la atmósfera. Esa nube bloqueó parte de la luz solar, redujo la temperatura y alteró las condiciones necesarias para la supervivencia de numerosas especies.
Aunque la procedencia del meteorito todavía es una incógnita, los investigadores estudian la posibilidad de que haya llegado desde la zona externa del cinturón principal de asteroides, cerca de Júpiter, o desde regiones más alejadas del sistema solar.



