Cinco años después y con cuatro presidentes en el medio, Perú volverá a elegir a un nuevo jefe de Estado entre la derecha fujimorista y un candidato de izquierda que hizo campaña con el mismo “sombrero chotano” tradicional que solía utilizar su mentor y derrocado mandatario Pedro Castillo, condenado a 11 años, 5 meses y 15 días de cárcel por conspiración.
En el balotaje previsto para el 7 de junio se enfrentarán Keiko Fujimori, candidata de la conservadora Fuerza Popular e hija del fallecido dictador Alberto Fujimori, y el postulante del izquierdista Juntos por el Perú, Roberto Sánchez Palomino, tras un extenuante conteo de votos que se resolvió esta semana a más de un mes de la primera vuelta celebrada el 12 de abril.
Parece un “deja vu” del balotaje de 2021. En junio de ese año, el maestro de escuela Castillo, de izquierda radical, derrotó a Fujimori por un margen estrecho de menos de medio punto. Pero un año después, fue depuesto tras intentar disolver el Congreso y terminó en prisión. Desde entonces, el país tuvo cuatro presidentes en ejercicio: el propio Castillo, Dina Boluarte, José Jeri y el actual José María Balcázar.
Es un país acostumbrado a cambiar de presidente de manera constante a través de discutidos procesos de “vacancia” impulsados por el Congreso. De hecho, el 28 de julio asumirá el noveno mandatario en la última década, en medio de una convulsionada crisis institucional sustentada en la extrema debilidad de los partidos políticos y su incapacidad de sellar alianzas legislativas duraderas.
Ahora, la derecha y la izquierda volverán a enfrentarse por el poder, al igual que en 2021. Solo habrá un pequeño cambio. Ya no estará Castillo. En su lugar irá su heredero, Roberto Sánchez Palomino. El panorama es aún incierto.
“El resultado del balotaje es abierto”, dijo a TN el analista político peruano Fernando Tuesta.
¿Quién es Roberto Sánchez Palomino?
Sánchez entró en el balotaje por un puñado de miles de votos. Según los datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), obtuvo el 12% de los sufragios frente al 11,9% del ultraderechista Rafael López Aliaga. Su ventaja fue de apenas 18.799 votos.
Esa escasa diferencia derivó en airados reclamos de fraude lanzados por el exalcalde de Lima que quedó tercero dentro de un interminable listado de más de 30 candidatos, muchos de ellos desconocidos. Primera, con poco más del 17%, quedó Fujimori, que buscará la presidencia por cuarta vez.
La proclamación oficial de los resultados se conocerá este domingo.

Sánchez Palomino, de 57 años, es un sobreviviente del naufragio político que significó el gobierno de Pedro Castillo, del que fue su ministro de Turismo y Comercio Exterior. Su currículum político es amplio: fue gerente de Desarrollo Social en la Municipalidad Provincial de Huaral y gerente de Capital Humano en la Municipalidad Distrital de San Borja. Además, desde 2021, es congresista.
Nació en la localidad agrícola de Huaral, a unos 80 km de Lima. Es psicólogo y un activo militante de izquierda.
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Mientras la mayoría de los dirigentes del depuesto gobierno de Castillo quedaron relegados en el mundo político peruano, Sánchez Palomino logró salir del ostracismo y se coló en el balotaje aprovechando el aún activo remanente de popularidad con que cuenta el expresidente en sectores populares, en especial en su bastión campesino del sur del país.
Su estrategia fue simple: mostrarse como el nuevo Castillo. Su marca electoral fue el típico “sombrero chotano” que usaba el exmandatario en campaña. Se trata de un tradicional sombrero de paja originario de la provincia de Chota, en el departamento de Cajamarca, norte del país. Es un símbolo de la identidad y la cultura campesina en los Andes peruanos.

Esa imagen le permitió posicionarse entre el campesinado más postergado que respaldó a Castillo en las elecciones de 2021 y que salió a las calles para defender al expresidente tras su derrocamiento durante violentas protestas reprimidas por la policía que causaron decenas de muertos.
Sánchez Palomino fue uno de los pocos miembros del gabinete de Castillo que no fue enjuiciado por el intento fallido del entonces presidente de disolver el Parlamento para evitar que se votara un proceso de “vacancia” por incapacidad moral. Renunció poco antes de la destitución.
Ahora, promete que indultará a su antiguo jefe si gana el balotaje y asume la presidencia. Incluso, tiene el apoyo explicito de su mentor desde la cárcel.
Pero enfrenta dos problemas serios. El primero es judicial. La fiscalía de Perú pidió más de cinco años de prisión en su contra por “declarar información falsa” ante el organismo electoral sobre aportes a su campaña entre 2018 y 2020.
Se lo acusa de ocultar más de 57.000 dólares en aportes de integrantes de Juntos por el Perú para actividades partidarias.
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“Durante años han intentado instalar una mentira para desacreditarme políticamente. La justicia ya archivó las acusaciones sobre un supuesto uso personal de recursos económicos del partido, porque jamás existió fraude ni apropiación indebida”, dijo Sánchez en sus redes sociales.
El segundo problema es político. Si asume la presidencia afrontará un Congreso desfavorable.
Fuerza Popular de Fujimori tendrá la primera minoría en ambas cámaras: 22 bancas de 60 en el Senado y 39 de 130 en Diputados.
Su partido Juntos por el Perú será la segunda fuerza con 14 escaños en el Senado y 31 en Diputados.
Pero la derecha tradicional tendrá más margen de maniobra para pactar alianzas de gobierno con agrupaciones afines como la ultraderechista Renovación Popular de López Aliaga o el centrista Partido del Buen Gobierno
En ese marco de arenas movedizas, a la izquierda no le sería fácil lograr gobernabilidad y evitar su descalabro en pocos meses ante un Congreso dominado por pocas manos e inclinado más hacia la derecha.



