Julio Figueroa no nació en una cocina, pero la vida lo fue llevando hacia ese lugar con la misma disciplina con la que entrenaba en sus años de deportista. Cordobés, hijo de una familia humilde, estudió hasta cuarto año de Ingeniería y fue nadador de la Selección argentina antes de dedicarse al fisicoculturismo. Fue entonces, entre entrenamientos y tápers cargados de pollo hervido y arroz, que apareció su primer vínculo con la gastronomía.
“En ese momento me cansé de comer siempre lo mismo y empecé a buscar opciones para darle sabor a mis comidas. Coincidió con la llegada del canal Gourmet y me metí de lleno. Me gustó tanto que dejé Ingeniería y me puse a estudiar cocina”, cuenta. Esa decisión marcó el rumbo de una vida.
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Su recorrido es extenso y ecléctico: trabajó en Alemania, pasó por Palma de Mallorca y al volver a Córdoba abrió una pequeña sandwichería que con el tiempo se transformó en una empresa de catering. A los 28 años ya manejaba varias sucursales de una cadena de trattorias y poco después creó Siamo, el primer deli natural de Córdoba, con desayunos proteicos y una propuesta que se adelantó a la tendencia de lo saludable.
El salto mayor llegó cuando se asoció con un grupo que manejaba marcas como Johnny B. Good, Peñón del Águila, Black Pan y Sushi World. “Llegué a estar a cargo de 66 restaurantes en Argentina, Chile y Paraguay. Era muy joven y ya me encontraba al frente de proyectos enormes”, recuerda. La pandemia frenó esa etapa, pero también lo obligó a reinventarse: lanzó una marca de carnes envasadas al vacío que luego llegó hasta Miami, y fundó nuevos conceptos que combinaban sustentabilidad, producción propia y gastronomía saludable.

Hoy, con 45 años, Figueroa es el creador de Ávito y Buche, dos de los proyectos que lo acercaron a Buenos Aires. El primero, ubicado en un exconvento en Villa Devoto, combina la mística del lugar con un menú que apuesta a lo saludable sin dejar de lado los clásicos. En tanto, Buche se define como “el templo de la picada”. Allí conviven quesos, fiambres, tapas y coctelería en un espacio que celebra el folklore argentino de juntarse: desde un asado con amigos hasta una cita
Su apuesta va más allá de abrir restaurantes: busca generar un sistema circular en el que cada marca alimente a la otra y no dependan de terceros para los insumos. “La idea final es no comprarle nada a nadie, producir todo lo que necesitamos para vender. Eso nos da escala, nos permite cuidar la calidad y bajar los costos”, detalla.

Julio Figueroa lleva más de 20 años en el sector y hace tiempo visualizaba su llegada a Buenos Aires. Un exestudiante de ingeniería que se apasionó por el deporte y la alimentación saludable, lo cual lo llevó a investigar el mundo culinario e inscribirse en una escuela de gastronomía de Córdoba. Siempre movido por el trabajo duro y la perseverancia, pudo cumplir sus sueños uno a uno.
Actualmente, tiene dos locales en Córdoba: el restaurante y bar de autor Ida y la casa de fuegos Matorral. Ambos tienen una fuerte identidad y propósito, dos factores en los que también se apoya Ávito y sus próximos proyectos bonaerenses.
Ávito: un ex convento convertido en bistró
A fines de agosto de 2024 abrió Ávito en un ex convento de monjas del barrio de Devoto: un bistró & café 100% artesanal emplazado en un espacio con 120 años de historia. Se trata del primer proyecto en Buenos Aires del chef cordobés.
Con una propuesta de comfort food orientada al producto de temporada, Ávito ofrece opciones para brunchear a toda hora: laminados artesanales, pastelería de autor, panificación propia y cocina estacional en compañía de infusiones, jugos naturales y cocktails.

El lugar conserva la esencia de lo que fue la residencia de las monjas de la congregación de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia. Todavía se pueden ver las baldosas traídas desde Savona, Liguria, hace más de 200 años. El espacio fue puesto en valor dentro del proyecto Cassa Devoto, con una ambientación que mezcla paredes blancas, techos altos, carpinterías negras y mesas de madera clara. Un gran deck al frente del local invita a aprovechar la temporada cálida o a refugiarse en los días fríos bajo pérgolas y cortinas.
Buche: el templo de la picada
En enero de 2025, Julio Figueroa inauguró su segundo local porteño: Buche, una auténtica casa de embutidos y quesos artesanales a una cuadra de la Plaza Arenales, también en Devoto. Allí se pueden comprar productos para llevar o disfrutarlos en el lugar, acompañados de una cuidada carta de vermuts y aperitivos.
El concepto rinde homenaje a la tradición argentina de la picada, heredada de inmigrantes italianos y españoles. Para eso, el equipo de Buche trabaja con tamberos, charcuteros y productores de todo el país, además de sumar algunas marcas destacadas de España e Italia.
El local se distribuye en tres plantas: un mercado en la planta baja con vitrinas repletas de quesos, fiambres, conservas y vinos; un salón en el primer piso con cocina a la vista; y una terraza semicubierta con livings, mesas altas y barra de coctelería. Desde tablas abundantes divididas por influencias culinarias (Argentina, Italia, Francia y España) hasta sándwiches con panes a elección y tapas mediterráneas, Buche se propone como un punto de encuentro cálido y versátil.