
Manuel Adorni
El kirchnerismo se constituye como juez de la República: no buscan verdad ni justicia, solo ventajita política
No les jode el departamento. No les jode el avión privado. Les jode que el Gobierno haya subido la vara.


No les jode el departamento. No les jode el avión privado. Les jode que el Gobierno haya subido la vara.

La oposición intensifica su ofensiva contra el gobierno y apunta al círculo más cercano del presidente para erosionar su liderazgo.

Cada vez que el Gobierno tropieza, el kirchnerismo se envalentona y saca a sus muertos vivos. Lo más delicado acá no es la investigación por los viajes de Adorni, sino que cualquier escándalo en el oficialismo le da letra a gente demasiado dañina.

La expresidenta está presa en su departamento de San José 1111 por decisión de 15 jueces en cuatro instancias judiciales distintas. El 24 de marzo, el kirchnerismo activó otra vez la avanzada golpista.

Quienes dicen amar y proteger la democracia aplauden el caos organizado y piden helicóptero. Son republicanos de micrófono y autoritarios en la acción.

Mientras la economía todavía no mejora en la vida cotidiana y crece la impaciencia social, el caso Adorni golpea el corazón del relato anticasta.

El caso Adorni pega en la línea de flotación del gobierno porque golpea el corazón del discurso libertario: el mismo que puso a su hermano en la lista de diputados, a su amigo en la televisión pública y subió a su esposa al avión presidencial fue el que más gritó ‘basta de casta’. La motosierra no era solo ajuste, era una promesa moral. Y las promesas morales se cobran caro cuando se incumplen.

El kirchnerismo activó su maquinaria destituyente con el caso Libra. El manual es conocido: instalación, amplificación, pedido de juicio político y helicóptero. El problema es que los números en el Congreso no dan, la sociedad está harta de todos y la oposición no capitaliza nada. Eso no significa que el gobierno no tenga que responder preguntas básicas. Las tiene. Muchas.

Del síndrome de Hubris —convencerse de ser un dios en la tierra— a pedir permiso para salir a la terraza. Una lección sobre la soberbia y lo que le espera a cualquier político que confunda gobernar con humillar.

El kirchnerismo pide juicio político por el caso Libra. Los mismos que no pidieron juicio político cuando Alberto hizo una fiesta en Olivos durante la cuarentena, cuando Amado Boudou se robó una imprenta, cuando apareció muerto el fiscal Nisman o cuando Cristina Kirchner fue condenada por robarse US$547 millones. Son una banda de forajidos con prontuario jugando a ser fiscales de la República.

Las filtraciones del caso Libra y el video de Manuel Adorni expusieron tensiones dentro del oficialismo. En la Casa Rosada crece la preocupación por una pelea de poder que pueda dañar el relato libertario.

Los senadores ya cobran $11.600.000 por mes, mientras la jubilación mínima apenas llega a $439.600. En apenas dos años, los sueldos del Senado aumentaron 582%. La pregunta es inevitable: ¿la política vino a terminar con la casta o a convivir con sus privilegios?

La gestión libertaria tiene el desafío es sostener la austeridad, la empatía y la distancia frente a los beneficios del cargo para no perder la conexión con una sociedad que exige ejemplaridad.
El viaje de la esposa de Manuel Adorni en el avión presidencial reabre una vieja discusión: los privilegios del poder. Un episodio que incomoda al gobierno y pone en tensión el discurso con el que llegó al poder prometiendo terminar con la casta.

El peronismo hoy es un club de lectura que expulsa gente. Se volvieron aburridos, previsibles, sectarios, anacrónicos, autorreferenciales y facciosos.

Entre peleas internas, privilegios y desconexión con la vida real de la gente, el kirchnerismo parece cada vez más lejos del sentido común y de las preocupaciones del argentino de a pie.

El kirchnerismo atacó a Nahuel Gallo el miércoles y a Lionel Messi el jueves. Un movimiento que supo ser popular, hoy le declara la guerra al argentino más querido del planeta porque se sacó una foto con Trump. La historia de cómo un espacio político puede volverse tan chico como para que le quede grande hasta a Messi.

Muchos estaban esperando que el gendarme argentino le agradeciera a la AFA. Pero Gallo no pisó el palito porque se dio cuenta de que lo estaban usando políticamente.

El enemigo debe ser lo suficientemente débil como para vencerlo, pero lo suficientemente fuerte como para no desaparecer. Porque si muere, no hay motivo de cohesión.

Lo que hicieron desde la AFA es un acto de oportunismo y miseria política usando un caso muy delicado para mojarle la oreja al Gobierno.