En 1894, el fisiólogo francés Étienne-Jules Marey intentó resolver una cuestión particularmente irritante para la ciencia: ¿cómo es que los gatos siempre parecen caer parados? Al usar los rudimentarios videos de la época, Marey pudo ilustrar definitivamente que los gatos, cuando se dejaban caer desde una altura, eran capaces de enderezarse en el aire sin ayuda.
Los hallazgos conmocionaron a la comunidad científica, pero el misterio de cómo los gatos consiguen esta proeza ha permanecido sin resolver.
En un artículo, publicado el mes pasado en la revista The Anatomical Record, los investigadores ofrecen una visión novedosa sobre la caída de los felinos. Sus pruebas sugieren nuevas perspectivas sobre el llamado problema de la caída del gato, en particular que los felinos tienen un segmento muy flexible de la columna vertebral que les permite corregir su orientación en pleno vuelo.
Greg Gbur, físico y experto en caídas de gatos de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte, quien no participó en el documento, dijo que era el primer estudio del que tenía conocimiento que exploraba "lo que la estructura de la columna vertebral del gato nos dice sobre cómo se dan la vuelta al caer". Añadió que la investigación descubrió muchos detalles notables sobre cómo maniobran estos animales cuando caen.
La gente ha sentido curiosidad por la caída de los gatos quizá desde que los animales conviven con los humanos, pero el método de sus habilidades acrobáticas sigue siendo enigmático. Parte de la dificultad radica en que la anatomía del gato no se ha estudiado en detalle, explica Yasuo Higurashi, fisiólogo de la Universidad Yamaguchi de Japón y autor principal del estudio.
"Los físicos han intentado modelar el comportamiento en ecuaciones relativamente sencillas", dijo Ruslan Belyaev, zoólogo del Instituto Severtsov de Ecología y Evolución de Moscú, quien no participó en el estudio. Pero, añadió, "el gato real" es cualquier cosa menos simple.
La investigación moderna ha dividido el problema de la caída del gato en dos modelos contrapuestos.
El primero, "patas adentro, patas afuera", sugiere que los gatos corrigen su trayectoria de caída al extender primero sus extremidades traseras antes de retraerlas, utilizando un giro secuencial de su tronco superior y luego inferior para adquirir la postura adecuada mientras están en caída libre.
El segundo modelo, "meter y girar", sugiere que los gatos giran la parte superior e inferior de su cuerpo en movimientos yuxtapuestos simultáneos.
En el nuevo estudio, Higurashi y sus colegas escrutaron diferentes segmentos de la columna vertebral de los gatos y utilizaron cadáveres donados. También realizaron experimentos de caída en un par de gatos vivos, desde casi un metro de altura.
"Para evitar lesiones, colocamos un cojín grueso y blando en el lugar de aterrizaje", dijo Higurashi. "Uno de nuestros estudiantes universitarios realizó la caída".
Su equipo también construyó un dispositivo para probar físicamente la flexibilidad de las espinas dorsales. Después de extraer las espinas dorsales de los cadáveres, doblaron y contorsionaron sistemáticamente secciones de vértebras con garras mecánicas mientras medían lo mucho que rotaban.
Compararon sus observaciones con las grabaciones de video de los gatos vivos y se analizaron foto por foto.
Los investigadores descubrieron que la columna vertebral de los felinos era extremadamente flexible en las vértebras torácicas superiores, pero más rígida y pesada en las vértebras lumbares inferiores. El descubrimiento coincide con las pruebas de video que muestran a los gatos girar primero las patas delanteras y luego las inferiores. Los resultados sugieren que el gato gira rápidamente la parte superior flexible de su torso para mirar al suelo, lo que le permite ver para poder mover correctamente el resto de su cuerpo para que coincida.
"La columna torácica del gato puede girar como nuestro cuello", dijo Higurashi.
Los experimentos con la columna vertebral muestran que las vértebras superiores pueden girar de manera asombrosa 360 grados, afirma, lo que ayuda a los gatos a realizar estos movimientos correctores con facilidad. Los resultados son coherentes con el modelo de "patas adentro, patas afuera", pero determinar definitivamente qué modelo es el correcto requerirá más trabajo, afirma Higurashi.
Los resultados también arrojaron otro descubrimiento: los gatos, como muchos animales, parecen tener un sesgo hacia el lado derecho. Uno de los gatos caídos se corrigió girando hacia la derecha ocho de cada ocho veces, mientras que el otro giró hacia la derecha seis de cada ocho veces.
Aunque el estudio no resuelve el problema del gato que se cae, Belyaev dijo que proporcionaba "ideas a los físicos sobre cómo ajustar sus modelos mecánicos para que se ajusten mejor a las propiedades reales de un gato".
En futuras investigaciones, Higurashi y sus colegas planean recopilar más datos sobre gatos que caen para construir modelos matemáticos y tridimensionales actualizados. Quizá esos modelos resuelvan el caso del felino en caída libre.
"Muchos científicos, históricamente, han buscado la 'única forma verdadera' de que los gatos caigan de pie", escribió Gbur en un correo electrónico. Pero, añadió, "a la naturaleza no le preocupa la simplicidad".



