Terminar una relación no siempre significa cortar todos los vínculos. Para algunas parejas, la separación abrió la puerta a una nueva forma de relacionarse, basada en la familia, la amistad, el trabajo o simplemente en compartir un mismo espacio.
Tres historias distintas que muestran maneras de construir ese vínculo después del amor: una pareja que convive con su ex por una cuestión de salud, dos personas que comparten casa y trabajo y una experiencia en la que vivir juntos después de separarse terminó siendo un doloroso proceso de cierre.
“Vivo con mi novio y mi ex en la misma casa, incluso pasamos las fiestas juntos”
A su ex lo conoció cuando ella tenía 15 años y él, 17. Desde entonces crecieron juntos y, a los 21 años, tuvieron a su primera hija. A pesar de que, al momento de la gestación, ya estaban separados, decidieron continuar vinculados por su hija.
Siete años más tarde decidieron separarse formalmente y cada uno siguió su camino. “Cuando hubo una infidelidad, decidimos ponerle punto final y él se mudó a Capital. Desde entonces, la relación que teníamos era mala. Un día mi hija me dijo: ‘Mami, estoy cansada de que se peleen con papi’, y ese fue mi límite para decir: ‘Vamos a poner las pilas. Somos grandes, empecemos a llevarnos bien’”.

Nadia conoció a su actual pareja y comenzaron a convivir. Ella siempre recalcó que Alan, su ex, iba a ser el padre de su hija y que quería mantener una buena relación con él.
“Un día llego de trabajar y estaban mi novio y mi ex tomando mates en la cocina de mi casa. Yo no entendía nada. Lo había invitado a pasar porque llovía y no podían ir a la plaza”, recuerda.
En un principio, su novio, Alexis, estaba negado a que el vínculo con su ex fuera fluido. Sin embargo, cuando logró bajar la guardia, los tres empezaron a tener una linda relación de amistad.
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La convivencia entre los tres surgió a partir de una situación de salud que nadie esperaba. Su expareja tuvo un accidente.
“Estaba con cuello ortopédico, la cadera era papel picado. No había manera de acomodarlo, tuvieron que ponerle una prótesis. Así que estuvo 3 meses internado”.
Su novio se encargó de ayudarlo durante la internación, no solo llevándole a su hija para que la viera, sino también higienizándolo y cuidándolo. Finalmente, salió del hospital con una discapacidad que no le permitía trabajar.
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“No tenía un lugar en condiciones para vivir, por eso no dudamos -dice ella-, y agrega: Empezamos a buscar cama ortopédica, silla de ruedas, adaptador de inodoro, cosas que él necesitaba para su recuperación, y empezamos a convivir los tres con mi hija”.
Actualmente, los tres trabajan juntos en un lugar de comidas que pusieron en marcha. La idea nació de Alexis y Nadia, pero Alan se sumó con ideas creativas para que el negocio funcionara.
Incluso hubo fiestas que pasaron juntos: Nadia, la familia de su novio y su ex.
“Nunca hubo celos conviviendo bajo el mismo techo. Cada uno entiende el lugar que ocupa. Mi ex ya es como un hermano para mí. Incluso, a veces nos cuenta cuando sale con alguien y le damos consejos o lo jodemos si la cambia muy rápido. Tenemos una linda relación”.
“Trabajo y vivo con mi ex, pero no hablamos de lo que hacemos afuera”
Martina y Agus se conocieron de pequeños. Mantuvieron una relación de noviazgo desde jóvenes, primero a distancia y, cuando se emanciparon de sus padres, fueron a vivir juntos.
Tuvieron dos hijos y luego las cosas entre ellos empezaron a cambiar. Fueron muchos años en pareja y Martina empezó a sentir que estaba acostumbrada más que enamorada. Se sentaron a charlar y decidieron separarse para evitar que la relación terminara mal.

“Nosotros ya dormíamos separados todas las noches. Para Agustín fue una sorpresa; para mí, ya estaba decidido”, dijo Martina.
Después de seis años separados, lo intentaron nuevamente, pero no funcionó. Así que siguieron cada uno por su lado.
Tiempo después tuvieron la posibilidad de emprender y trabajar juntos y se dieron cuenta de que hacían un gran equipo. Además de comprobar que eran buenos padres y que tenían buena comunicación, descubrieron que la relación fluía desde otro lugar.
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Hace dos meses, Martina tuvo un inconveniente con el lugar que estaba alquilando. Se tenía que mudar y no tenía dónde. Su ex le ofreció un espacio para que pudiera vivir junto a sus hijos.
En la convivencia, las cosas funcionan porque hay límites claros: no se habla de lo que al otro no le importa.
“No nos preguntamos nada. Compartimos el espacio y solo preguntamos si vuelve a comer para saber si guardamos comida”.
El espacio donde viven se respeta. Ninguno va a llevar una pareja a ese lugar, no solo por ser ex, sino también por sus hijos.
Cada uno ya tuvo amoríos y parejas antes. Incluso Agustín tiene otro hijo con otra mujer. Quedaron en quque,i se trata de una relación formal, se presenta en la familia, pero si no es necesario hablar del tema, prefieren no hacerlo.
A pesar de que el tiempo les demostró que no funcionan como pareja, hay cierta complicidad por haber crecido juntos.
“Elegimos seguir compartiendo la vida, pero no desde el lado del amor de pareja. Vamos a hacernos viejitos y vamos a ir a desayunar los domingos a la mañana, los dos solos, porque nuestros hijos van a ser grandes. Si en algún momento se suma alguien a nuestras vidas, será sabiendo que cada uno tiene este lugar en la vida del otro y, ojalá, podamos compartir todos”, cerró Martina.
“Yo no volvería a convivir con mi ex”
Germán estuvo en pareja durante 13 años, en una relación en la que convivían y había una fuerte comunicación. Entre ellos había límites y tenían sus acuerdos, siempre y cuando todo fuera consensuado.
Sin embargo, descubrió una infidelidad y no pudo continuar con la relación: “Estando de novios, podíamos estar con otras personas, siempre y cuando lo habláramos antes. Ya había pasado antes, por eso no entendí por qué ahora me engañaba así, a escondidas”.

Germán es de Misiones y estaba viviendo en Capital con su pareja. Mudarse demandaba tiempo y dinero que no tenía, por eso su ex le ofreció quedarse en la casa y aceptó.
Vivieron seis meses juntos, pero para él fue un calvario.
“Fue bastante duro, doloroso e incómodo porque no llevaba gente a la casa, pero sí escuchaba sonidos de aplicaciones de citas. Yo nunca fui celoso, pero en ese momento me molestaba que él hiciera su vida”.
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Para Germán era una montaña rusa de emociones: estaba triste, enojado, contento y, al mismo tiempo, esperanzado con que pudieran volver.
Finalmente, se fue a vivir con su mamá para evitar tener que seguir sufriendo esa situación.
“Sentí que podría haber terminado de otra manera. A mí me hubiera gustado que también fuera sin conflictos. Y creo que una de las cosas más dolorosas en cualquier pareja que se separa, incluida en este caso, es la ausencia de cierre”.
Las tres historias muestran que después de una separación no existe una única manera de reconstruir el vínculo. La diferencia no está en seguir o no cerca de un ex, sino en poder encontrar un nuevo lugar para ese vínculo, con límites claros y sin confundir lo que alguna vez fueron con lo que decidieron ser después.



