El espejo suele devolverle a la gente una imagen exterior bastante precisa de su apariencia. Sin embargo, nunca podrá reflejar lo que ocurre en el interior de quien se mira. Y en ocasiones, suele haber una pregunta que es casi existencial: ¿soy una buena persona?
La respuesta, habitualmente, la suelen tener los otros, la mirada ajena es el ojo más entrenado para confirmar o discrepar con la autopercepción del individuo que se lo cuestiona. Sin embargo, la psicología destaca cinco señales que resultan determinantes para confirmarlo.
Cinco rasgos de la personalidad que son piedras basales de la persona y que, además de describir, pueden calificar la calidad humana de cada uno, cómo está parado socialmente y qué visión tiene de él su entorno, ya sea personal como el laboral.
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En estas señales se encuentran la sinceridad con la que se maneja una persona habitualmente, aunque se potencia como virtud cuando se encuentra vinculada a la empatía, a aprender a no juzgar al prójimo, a saber perdonar al otro aun habiendo recibido de su parte algún tipo de daño y también a la búsqueda del autoconocimiento.
Una por una, cinco señales que destaca la psicología y definen si alguien es buena persona
- La empatía. Por definición, es saber ponerse en el lugar del otro. Y si la alegría, aunque en especial el dolor ajeno, llevan a que una persona lo sienta como algo propio, significará que está siendo empático.
Sin embargo, no todo queda en solo entender lo que siente otra persona sino también el poder tener hacia ella una reacción solidaria frente a determinadas situaciones límites. Situaciones que, al ser extremas, llevan a comprender que esa otra persona tiene una necesidad circunstancial o constante mayor a la de uno mismo, y acudir en su ayuda es un modo de sentir empatía.
- La sinceridad. No pasa solo por decir la verdad y hacerlo “de frente, sin tapujos”, ya que la sinceridad que define a la buena persona es cuando esa verdad se dice en el momento justo y en el lugar indicado, respetando que el contenido de lo dicho puede afectar al que lo escuche.
Por eso es importante hacerse cargo de los dichos y ponerlos sobre la mesa con altísima responsabilidad emocional, evaluando el impacto en el otro. Dicho de otro modo: una verdad vale, pero más si está dicha de un modo que no genere indiferencia el dolor que puede causar.
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- No juzgar. Evitar subirse a un tribunal emocional que dé sentencia sobre otra persona. Para la psicología, quien lo haga, en cierto modo, estará exponiendo en su crítica una necesidad insatisfecha propia.
Lo recomendable es aceptar las cosas sin juicios expresos de valor: esto quiere decir que se puede sentir interés o no por el otro, parecer bien o mal sus actuaciones, pero no es necesario juzgarlo sin analizar bien el porqué.
- Saber perdonar. En una cita a psicólogo catalán, Jordi Isidro Molina, experto en ansiedad y estado de ánimo, la buena persona “no es a la que no le ocurren cosas malas sino quien, aun cuando es lastimado, no piensa en la venganza”.
En cierto modo, saber perdonar es aceptar que todos pueden equivocarse, incluso las buenas personas. Y que tener rencor o animosidad por algo ocurrido y no poder superarlo se puede transformar, además, en una herida que se profundiza y se hace difícil de curar.
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- Búsqueda del autoconocimiento. Para la psicología, este rasgo es clave porque es la mirada sobre uno mismo. Aprender de los errores para corregirlos, pero también ser pacientes con las limitaciones propias.
Siempre la búsqueda será no dañar al prójimo pero, se sabe, el error puede ocurrir. Para ello, es importante tener una actitud de superación, admitiendo la imperfección y sin temor a mostrar una vulnerabilidad. Esto, lejos de ser una debilidad, humaniza a la persona.