Aldo da Silva es conocido en el barrio como Papa Frita “el Piñón Fijo de González Catán”. Tiene 63 años, vive en La Matanza desde hace más de 50 y durante los últimos 25 años se dedicó a lo mismo: cantar, tocar la guitarra, animar fiestas y repartir globos entre los chicos que se cruzan en su camino.
Su personaje, que hoy alegra las plazas y centros comerciales de la zona, nació casi por casualidad. “Un nene de 12 o 13 años me dijo que si me pintaba como Piñón Fijo iba a quedar igual”, recordó en diálogo con TN Show.
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En ese momento, Aldo trabajaba en animaciones y tenía un traje viejo guardado porque no le salían eventos. Aunque al principio pensó que el chico le había dicho cualquier cosa, el comentario le quedó dando vueltas por la cabeza y esa misma noche probó pintarse con lo que tenía en su casa: témpera blanca y un labial rojo. “Ahí me di cuenta de que el nene tenía razón”, contó entre risas.

“Yo estaba sin trabajo y, por problemas en la columna, no podía conseguir algo efectivo”, recordó sobre esa época. Probó vender en la calle, en colectivos y hacer changas hasta que encontró en ser payaso una forma de llevar la comida a la mesa.
Así, Aldo empezó a disfrazarse para hacer shows callejeros. El parecido con Piñón Fijo era tal que incluso lo invitaron a trabajar en circos como doble del reconocido artista cordobés. Pero Aldo eligió otro camino: cantar en la calle con su guitarra y entregar, a voluntad, tarjetitas con las letras de las canciones.
Con el tiempo sumó un nuevo atractivo: globos. “Un muchacho que hacía lo mismo que yo me enseñó. Me dijo ‘vos te lo merecés’. Así aprendí”, relató.

Desde entonces, Papa Frita se volvió un clásico de las animaciones barriales, aunque con una regla personal que jamás cambió: cobrar lo mínimo posible y regalar globos a quienes no pueden pagarlos. “Hasta ahora sigo cobrando muy barato, y si no tienen plata, los regalo”, explicó.
Piñón Fijo, un ídolo y su maestro
Aunque nunca llegaron a conocerse en persona, Aldo siente una profunda admiración por el verdadero Piñón. “Para mí es un maestro. Nunca me prohibió usar el traje. Me hubiera encantado verlo alguna vez, pero lo que gano es para el día”, comentó.
Su intención, asegura, nunca fue reemplazarlo, sino acercarle a los chicos un poco de alegría cuando no tienen acceso a un show profesional. “Es lindo estar en la plaza, escuchar una canción y recibir un globo”, dijo emocionado.

La dura infancia de Aldo está muy vinculada con la felicidad que siente hoy al ver a los chicos felices. “Tuve golpes, frío, hambre… hasta pan verde comí”, relató sin dramatismo. Esa experiencia hoy lo ayuda a conectar con los chicos que se le acercan: “Me doy cuenta enseguida si están golpeados o si tienen hambre. Por eso quiero darles una alegría que yo, de chico, no tuve”.
El sueño de Papa Frita
A pesar de no tener jubilación ni ingresos fijos, Aldo no pierde la ilusión que lo acompaña desde hace años. “Mi sueño es recorrer el país, viajar, regalar globos y trabajar. Sueño con no tener que ponerles precio a los globos, como muchas veces hago”, expresó.

Con su traje, su guitarra y sus globos, Papa Frita sigue recorriendo González Catán con la misma emoción del primer día. Su objetivo es simple y gigante a la vez: que ningún chico se quede sin una sonrisa.



