Cuando a Molly Kochan le diagnosticaron un cáncer terminal a los 42 años, su perspectiva de vida cambió por completo. Lejos de elaborar una lista de sueños convencionales con viajes exóticos o experiencias extremas, decidió explorar su sexualidad sin restricciones. Abandonó su matrimonio de 15 años y se embarcó en una intensa aventura en la que llegó a estar con más de 189 hombres.
Su historia fue plasmada en el podcast “Dying For Sex”, que ella misma grabó junto a su mejor amiga, Nikki Boyer. Las confesiones sobre sus experiencias amorosas y sexuales se convirtieron en un fenómeno con más de cinco millones de reproducciones. Ahora, su impactante vida fue llevada a la pantalla en una miniserie protagonizada por Michelle Williams, que debió enfrentar desafíos actorales inéditos, como interpretar varias escenas de orgasmos seguidos.
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El impacto emocional de la historia no solo transformó a la audiencia, sino también a los actores que participaron en la serie. La cinco veces nominada al Oscar confesó que investigar la vida de Molly la conmovió profundamente, al hacerla reflexionar sobre su propia percepción de la sexualidad y el deseo. “Definitivamente me abrió los ojos de una manera en la que nunca había pensado”, comentó la actriz.
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La trágica historia de Molly Kochan
Molly había acudido al médico a los 33 años por un bulto en el pecho, pero le dijeron que era demasiado joven para preocuparse. A los 39, le confirmaron que padecía cáncer de mama, ya extendido a los ganglios linfáticos. A pesar de someterse a tratamientos invasivos, en 2015 recibió la devastadora noticia de que la enfermedad se había propagado a sus órganos vitales.
En ese momento, Molly tomó una decisión drástica: dejar atrás su matrimonio y lanzarse a vivir con intensidad. “El sexo me hace sentir viva y es una distracción de la enfermedad”, explicó en varias oportunidades. Su voraz deseo, que la llevó a tener encuentros con un doble de Ryan Reynolds y hasta con un empresario funerario disfrazado de payaso, fue alimentado por un desbalance hormonal que, en lugar de disminuir su libido, la potenció al extremo.
En sus memorias “Al diablo con el cáncer: Cómo ser plena”, Molly relató que cada vez que su salud empeoraba, sentía un impulso incontrolable por intensificar su vida sexual. Para ella, la pasión física era la contraposición absoluta de la muerte. “Literalmente quería acostarme con todo el mundo y todo lo que veía”, admitió.
Su historia también escondía heridas profundas: de niña, había sido víctima de abuso por parte de la pareja de su madre. Recuperar el control sobre su cuerpo y su placer fue, para ella, una forma de reivindicarse. “Me doy cuenta de que al final, me enamoré de mí misma”, escribió poco antes de su muerte en 2019, a los 45 años. Ahora, su legado sigue vivo, al transformarse en una historia que desafía prejuicios y reflexiona sobre el deseo, el amor propio y la fugacidad de la vida.