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    Ruggierito, la sombra que protegió a Carlos Gardel

    En 1915, el Zorzal criollo recibió un balazo que le cambió la vida. Desde ese momento, decidió evitar sobresaltos: Juan Carlos Ruggiero se convirtió en el hombre que lo acompañó hasta su asesinato en 1933.

    Ricardo Canaletti
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    Ricardo Canaletti

    21 de junio 2026, 05:11hs
    Carlos Gardel y Ruggierito.
    Carlos Gardel y Ruggierito.
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    El Riachuelo, una frontera social visible

    Buenos Aires a principios del siglo XX era una suma de mundos separados por pocas cuadras y enormes diferencias de vida. Entre 1880 y 1914, la Argentina atravesó una expansión económica basada en la exportación agropecuaria y en la llegada masiva de inmigrantes europeos. Italianos y españoles constituían la mayoría, y muchos de ellos se instalaron en los bordes industriales del sur de la ciudad y del otro lado del Riachuelo, en el partido que primero se llamó Barracas al Sud y que en 1904 adoptó oficialmente el nombre de Avellaneda.

    El Riachuelo era una frontera social visible. Del lado de la Capital Federal, comenzaban las avenidas que buscaban parecerse a París; del lado sur, se extendía una zona de fábricas, frigoríficos, depósitos portuarios y talleres donde el trabajo era físico, inestable y duro. Allí crecieron miles de hijos de inmigrantes que abandonaban la escuela temprano para incorporarse al trabajo. Predominaban los conventillos donde varias familias compartían patio, cocina y baño.

    En ese ambiente nació Juan Nicolás Ruggiero, el 24 de junio de 1895. Sus padres eran italianos; el papá trabajaba en el puerto y la madre se dedicaba a tareas domésticas y, como muchas mujeres del barrio, complementaba los ingresos familiares con trabajos en las casas de otros.

    Ruggiero asistió a la escuela primaria hasta los 11 años y luego se incorporó al trabajo manual. La formación que recibió desde entonces fue práctica y territorial: aprender a moverse en la calle, conocer a los hombres influyentes del barrio, entender qué conflictos convenía evitar y cuáles debían enfrentarse para ganar respeto. En ese mundo, la reputación se construía por presencia física y lealtad personal.

    Carlos Gardel y una infancia diferente

    Gardel había llegado a Buenos Aires junto a su madre, Berthe Gardes, francesa, que trabajó como planchadora y costurera para sostener el hogar. Vivieron en barrios populares, especialmente en el Abasto, zona de mercados, carreros, vendedores ambulantes y cafés donde comenzaba a sonar el tango.

    Carlos Gardel, el Zorzal criollo (Foto: Facebook/@ArchivoGeneraldelaNacionArgentina).
    Carlos Gardel, el Zorzal criollo (Foto: Facebook/@ArchivoGeneraldelaNacionArgentina).

    Gardel encontró desde joven un camino ligado al espectáculo y a la música. Frecuentó reuniones de guitarristas y comenzó a cantar en bares.

    Al mismo tiempo, en Avellaneda comenzaba a formarse una tercera figura que sería decisiva para que ambos mundos se conectaran: Alberto Barceló, perteneciente a una familia de buena posición económica. Recibió educación completa y se orientó hacia la política dentro del Partido Conservador, que dominaba la provincia de Buenos Aires antes de la reforma electoral de 1912. Su ascenso se basó en la organización partidaria, las relaciones comerciales y la construcción de redes de influencia.

    La Argentina vivió un cambio político en febrero de 1912, cuando se sancionó la Ley Sáenz Peña, que estableció el voto secreto, obligatorio y masculino. En distritos densamente poblados y políticamente competitivos como Avellaneda, el efecto fue complejo. La nueva ley eliminaba el voto cantado y reducía ciertas manipulaciones abiertas, pero no suprimía la necesidad de organización territorial. Las elecciones comenzaron a requerir movilización real de votantes.

    Avellaneda era un territorio sensible

    El distrito reunía tres elementos explosivos: concentración obrera, crecimiento demográfico acelerado y cercanía inmediata con la Capital. Allí funcionaban frigoríficos como el Anglo y el Armour, talleres ferroviarios, curtiembres y depósitos portuarios que empleaban a miles de trabajadores. La actividad sindical crecía y también la presencia del radicalismo y del socialismo, fuerzas políticas que disputaban el dominio histórico del conservadurismo bonaerense.

    Alberto Barceló, líder conservador de Avellaneda.
    Alberto Barceló, líder conservador de Avellaneda.

    En ese contexto, comenzó a afirmarse la figura de Alberto Barceló como líder del Partido Conservador de Avellaneda mediante la construcción de alianzas barriales y la articulación con dirigentes provinciales. Su poder no se apoyaba solo en la violencia sino en la capacidad de coordinar recursos, favores y lealtades.

    Los actos partidarios reunían multitudes, las campañas implicaban recorridas por barrios tensos y las jornadas electorales podían derivar en enfrentamientos entre militantes rivales. Juan Nicolás Ruggiero empezó a cruzarse con la política local justo en 1912, con 17 años. Fue conocido en sectores de Barracas al Sud y Dock Sud por su presencia en disputas callejeras y por su fortaleza física.

    Entre 1914 y 1915, Avellaneda vivió elecciones municipales muy disputadas. Los conservadores recorrían barrios obreros y la competencia con radicales y socialistas provocaba choques constantes. El nombre de Ruggiero circuló en el entorno conservador como alguien confiable para esas situaciones.

    Al mismo tiempo, en la Capital, Gardel avanzaba en su carrera artística junto a José Razzano, consolidándose como cantor criollo y ampliando su presencia en teatros y cafés.

    Palais de Glace

    Uno de los lugares más elegantes de Buenos Aires era el Palais de Glace, edificio ubicado en la Recoleta que había sido construido como pista de patinaje sobre hielo y que hacia 1915 funcionaba como salón de baile nocturno y punto de reunión de jóvenes acomodados, artistas, hampones y aspirantes a serlo. El tango circulaba entre la elite y el arrabal.

    El Palais de Glace en los años 20 del siglo pasado.
    El Palais de Glace en los años 20 del siglo pasado.

    En la madrugada del 11 de diciembre de 1915, Gardel fue a celebrar en el Palais de Glace. Llegó acompañado por el actor Elías Alippi, figura popular del teatro, y por otros amigos del ambiente artístico, entre ellos el actor Carlos Morganti. La reunión transcurría sin sobresaltos, con música y repetidos brindis cuando comenzó una discusión. La crónica policial señaló que se cruzaron insultos entre Alippi y unos muchachos. Jamás se aclaró a causa de qué, pero se habló que Alippi “defendía a Gardel”.

    Tambien circuló otra historia relacionada con una mujer, Giovanna Ritana, también conocida como Jeannette, figura del ambiente nocturno que muchos años más tarde alcanzaría notoriedad como madame en el cabaret Chantecler.

    Giovanna era pareja de Amadeo Garesio, nacido en Córcega, que había llegado a Buenos Aires integrando una compañía de trapecistas y que con el tiempo se dedicó a la explotación de prostíbulos. Gardel y Giovanna habrían tenido una relación cercana, lo que provocó resentimiento en el entorno de Garesio. Esa discusión entre Alippi y aquellos muchachones fue apenas el detonante visible de una tensión previa ligada a celos y prestigio masculino (el de Garesio).

    Roberto Guevara

    Para terminar aquella discusión, Gardel y sus acompañantes salieron del Palais y subieron a un automóvil. El grupo rival los persiguió. El vehículo de los artistas debió detenerse y la confrontación continuó en plena calle. Allí aparece una figura decisiva: Roberto Guevara, uno de los muchachones.

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    Guevara no era un mafioso célebre ni un criminal de gran escala sino un pendenciero que aparecía en los ambientes nocturnos y en las peleas entre patotas. Pues bien, Guevara sacó un revólver y disparó a corta distancia. El proyectil dio en el lado izquierdo del pecho de Gardel, que cayó herido.

    Los médicos comprobaron que la bala había penetrado el tórax sin destruir órganos vitales, pero su ubicación hacía peligrosa cualquier intervención quirúrgica. La cirugía torácica de la época carecía de los recursos necesarios para operar con seguridad, por lo que se decidió dejar el proyectil dentro del cuerpo. El organismo lo encapsuló y Gardel conviviría con esa bala durante los siguientes veinte años.

    Guevara fue señalado como tirador, pero el episodio quedó envuelto en versiones contradictorias. La explicación basada en la pelea circunstancial convivió desde entonces con la versión pasional ligada a Ritana y al entorno de Garesio. Para Gardel, sin embargo, la consecuencia fue concreta. Comprendió que la fama lo exponía a riesgos reales y comenzó a fortalecer vínculos capaces de ofrecerle seguridad fuera del escenario. Es allí donde su historia se cruzó con Juan Nicolás Ruggiero, un hombre que representaba lo que el cantor necesitaba, la garantía silenciosa de que nadie volvería a dispararle sin pagar un precio.

    Gardel y Ruggiero

    Buenos Aires de la década de 1910 no separaba con claridad el mundo del espectáculo, la política local y los circuitos nocturnos; entre 1916 y 1918 Gardel comenzó a presentarse con mayor frecuencia en Avellaneda, distrito que se había convertido en uno de los centros políticos más activos de la provincia.

    No hacía falta escolta visible ni demostraciones constantes de fuerza; bastaba con que circulara la idea de que el cantor estaba bajo la órbita de hombres con influencia local. Esa forma de protección era común en ambientes artísticos y deportivos de la época y operaba más por reputación que por violencia directa.

    Elisa Vecino, pareja de Ruggierito.
    Elisa Vecino, pareja de Ruggierito.

    Ruggierito, por su parte, obtenía algo igualmente valioso: proximidad simbólica con la figura cultural más ascendente del país. El tango estaba dejando de ser música marginal para convertirse en emblema nacional, y Gardel encarnaba ese cambio. Su presencia en Avellaneda elevaba el prestigio del entorno político que lo recibía y reforzaba la imagen de un liderazgo cercano al pueblo. La relación, por lo tanto, fue un intercambio de capitales distintos: seguridad territorial por legitimidad cultural.

    Durante la década de 1920, las trayectorias de ambos avanzaron en paralelo pero a velocidades distintas. Gardel grabó discos con éxito creciente, viajó por América y Europa y comenzó a consolidarse como figura internacional del tango. Ruggierito, en cambio, profundizó su inserción en la estructura política local, asociado a la idea de hombre fuerte del sur.

    Existe evidencia periodística de que Gardel conoció personalmente a Alberto Barceló y participó en actos organizados por su sector político. Ruggierito operaba como puente informal entre ambos mundos. Hasta corrió la versión de que Barceló intervino para que Gardel obtuviera documentos de identidad que utilizaría en sus viajes artísticos.

    Ruggierito vivía junto a Elisa Vecino, una joven del barrio con quien había iniciado una relación cuando ella tenía 14 años. Vivieron en una casa confortable atendida por empleados domésticos, símbolo visible del ascenso social que había logrado. Su familia prosperó, adquirió propiedades y se integró a una red económica ligada al municipio.

    El crecimiento también trajo violencia

    En agosto de 1929, Ruggierito sobrevivió a una emboscada cuando regresaba desde La Boca junto a su tío Juan Lucachi, donde habían dejado a algunas prostitutas; el automóvil en el que iban recibió múltiples disparos, su tío murió y él resultó herido.

    Ruggierito.
    Ruggierito.

    El equilibrio que había permitido durante más de una década la convivencia entre política, la vida nocturna, el juego y el prestigio cultural comenzó a resquebrajarse a partir de 1930, cuando el golpe de Estado del 6 de septiembre encabezado por el general José Félix Uriburu derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen y modificó profundamente el clima político argentino.

    Por un lado, el golpe fortaleció al conservadurismo porque el nuevo escenario político favoreció a sectores opositores al radicalismo. Por otro lado, alteró los equilibrios internos porque el acceso al poder generó disputas por posiciones, negocios y zonas de influencia.

    Entre 1931 y 1932, comenzaron a percibirse fricciones dentro del propio espacio conservador local. La figura de Ruggierito adquiría una autonomía que podía resultar incómoda para algunos políticos. Durante esos años, Ruggiero continuó llevando una vida social intensa. Frecuentaba reuniones políticas, cafés y el Hipódromo de La Plata, lugar de encuentro habitual para dirigentes y empresarios donde se mezclaban conversaciones políticas con intereses económicos.

    El último cruce visible entre Gardel y Ruggierito

    La cita fue el 27 de septiembre de 1933, cuando el artista cantó en Avellaneda. El espectáculo fue en el club Leales y Pampeanos. De esa jornada, quedó una fotografía histórica donde Gardel y Ruggierito aparecen juntos, imagen que condensa dos formas distintas de éxito popular nacidas en la misma ciudad.

    Menos de un mes después, el sábado 21 de octubre de 1933, Ruggierito fue asesinado. Ruggiero regresaba a Avellaneda después de haber pasado la tarde en el hipódromo de La Plata, espacio donde las apuestas convivían con conversaciones políticas y acuerdos informales entre dirigentes, empresarios y hombres del territorio.

    Cerca de las 21, el automóvil chapa 2817, conducido por José María Caballero y acompañado por el custodio Moretti, se detuvo frente a una casa de la calle Dorrego al 2000, que no era la casa de Ruggiero sino la de su amante. Permaneció allí un breve tiempo y salió sin señales de alarma.

    Cuando se inclinó para ingresar al automóvil, un hombre surgió desde la oscuridad y disparó una vez por la espalda. La bala atravesó el cuello de Ruggierito y lo dejó mortalmente herido. De inmediato apareció un Chevrolet azul que actuaba como coche de apoyo y en el que huyó el atacante. Caballero y Moretti intentaron perseguirlos, pero el coche de los asesinos frenó de golpe y abrieron fuego con una descarga cerrada que destrozó el parabrisas y el neumático del coche de Caballero y Moretti, obligándolos a detenerse mientras los agresores escapaban hacia la avenida Mitre. El Chevrolet azul sería hallado más tarde abandonado en La Boca, con manchas de sangre en su interior, señal de que alguno de los atacantes había resultado herido durante la retirada.

    Leé también: Un rescate millonario y una víctima enterrada viva: el secuestro extorsivo que conmovió a la Argentina en 1990

    Desde esa misma noche, comenzó a repetirse en Avellaneda un nombre que circuló en cafés, redacciones y comisarías: Julio Valea, conocido como “el Gallego Julio”, un pistolero ligado al ambiente del juego clandestino y a disputas políticas. Para muchos, el atentado llevaba su marca: un ataque breve, coordinado y ejecutado por más de un hombre, impropio de una venganza improvisada. Sin embargo, nunca hubo una imputación formal en su contra.

    El funeral reunió multitudes y el féretro fue llevado a pulso por las calles, envuelto en una bandera argentina que luego la policía retiró por orden del comisario Esteban Habiague, enemigo declarado del muerto. El episodio reflejó la dimensión política que había alcanzado su figura.

    Gardel continuó su carrera internacional sin aquel respaldo territorial que había acompañado sus años iniciales. Dos años más tarde, el 24 de junio de 1935, moriría en el accidente aéreo de Medellín. Cuando los médicos examinaron su cuerpo apareció nuevamente la vieja bala del Palais de Glace, recordatorio físico de una juventud marcada por la violencia y de un tiempo en que su destino se había cruzado con el de un hombre que representaba el poder informal de la vieja Barracas al Sud.

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